sábado, 1 de noviembre de 2014

Se esfuma una medalla, pero hay opciones

La ausencia del velocista capitalino Alonso Edward en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz es el golpe nocivo más certero que podría dársele a nuestra real posibilidad de obtener una presea dorada en esa competición.

Tras su brillante participación en la Liga de Diamante y en otras competiciones de alto nivel del atletismo internacional en 2014, Edward se convirtió en la mayor esperanza istmeña en los Juegos de Veracruz de escuchar las glorias notas de nuestro himno nacional.

No obstante, también hay que pensar en la salud del atleta. Y no lo digo por la supuesta lesión que pudiera tener sino en el hecho de que Edward ha bregado muy duro para lograr objetivos importantes en su carrera deportiva que, sin lugar a dudas, ha logrado cumplir algunos de ellos este año.

Edward es un profesional del atletismo y, por ello, tiene metas mucho más allá que una presea en Veracruz.

En esa línea, sus objetivos podrían estar dirigidos hacia los Panamericanos, si es que no chocan con su cartera de competición, y definitivamente que los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en materia de actividad regional. Lo demás va por añadidura.

Si esto es criticable o no, está en cada uno pensar lo que desee.

En mi opinión, tiene todo el derecho de dirigir su destino como mejor le parezca, pero hay una cosa cierta. Y es que cada atleta que recibe una ayuda económica por parte del Estado; es decir, dinero de los impuestos que pagan los panameños, está en la obligación de cumplir con una agenda de actividades.

En este sentido, debe participar en las competiciones regionales porque para ello se le concede un subsidio económico.

Ahora bien, creo que a ninguno de ellos se les ha hecho firmar una carta de compriso en esa dirección, más allá del compromiso que se abroga el gobierno a través de Pandeportes de brindarles ese apoyo económico.

Esa situación ya se vivió con el hoy retirado saltador Irving Saladino, quien solamente participó en competiciones regionales (Juegos Centroamericanos, Juegos Sudamericanos) para calibrar su potencial tras una lesión, después de que obtuviera el título mundial y luego el de campeón olímpico.

Pero sigue habiendo alternativas. Edward está en todo su derecho de no asistir a Veracruz, para salvaguardar su integridad física y porque merece un descanso.

Ahora, esta situación no lo inhabilita para que se le organice en Panamá un encuentro técnico con entrenadores y atletas para que brinde sus conocimientos y experencias, que sin duda tiene de sobra.

Es el mismo caso de Saladino, quien hasta ahora no conozco de alguna iniciativa dirigida hacia el mismo asunto con los técnicos y atletas locales.

En síntesis, es muy probable que hayamos perdido una medalla dorada en el puerto mexicano de Veracruz, pero no puede pasar lo mismo con nuestra inversión. Así es que, más temprano que tarde, a calzarle los zapatos y gafas de docentes a Edward y Saladino y que salgan a enseñar, que mucho falta que hace.

miércoles, 20 de agosto de 2014

El Loco que abarrotó la Arena

Revisaba un cuaderno de apuntes en forma rápida, mientras esperaba el Metro en la estación de San Miguelito, cuando mis ojos tropezaron con un nombre de Ricardo “Loco Loco” Bennett.

Vea usted, pensé. En forma inexplicable, había puesto el nombre de uno de los boxeadores más excitantes que tuvo el boxeo istmeño, entre las década 70 y 80, en unos apuntes que trataba otro tema.

La verdad es que, en ese momento, no quise abusar de mi memoria para explicarme la situación. Primero no estaba en el lugar adecuado, y segundo, porque a los pichón de investigadores a veces nos suele ocurrir. Con ello, trato de cumplir con la premisa de uno de mis profesores de periodismo, que aconsejaba escribir rápidamente y donde fuere, las ideas que se nos ocurrían de manera inmediata, porque era muy probable que más tarde no lo íbamos a recordar.

Hablando de memoria. Los casi diez minutos que demoró el Metro en cubrir la ruta de St. Michael Jr. a la estación de la Virgen del Carmen, en Vía España, fueron más que suficientes para recordar al amigo Ricardo Bennett.

¡Qué tiempos aquellos! Jamás el boxeo panameño volverá a vivir una época como las que tuvo en esas dos décadas.

Es cierto, hubo otras muy buenas, con púgiles de gran cartel y que con solo mencionar sus nombres, se escuchaban exclamaciones de admiración. Pero, ¿veinte años de “mongo y más mongo”, con calidad de exportación? No.

Bueno, de esa época es el afamado Bennett.

El otrora “Loco Loco” es el púgil que más público ha llevado hasta ahora  al  coliseo de la Calle Sexta (Arena de Colón), cuando a finales de los años 70 enfrentó al "Toro” Ulises Morales.

En una ocasión en que visitamos la Arena de Colón, coincidimos con Ricardo y recordó esa noche y, por cierto, se ufanó de ser el “hombre récord” del boxeo colonense.

Palabras más, palabras menos, recordó esa noche, aunque no creo que hayamos hablado del resultado de la pelea, que perdió por decisión frente al corajudo púgil capitalino.

- “Estaba consciente de que estábamos rompiendo un récord esa noche en la Arena”, me dijo.

- Espera un momento, le interrumpí. ¿Cómo es posible que supieras, si no fue hasta que terminó la cartilla en que se conoció cuántas personas entraron a la Arena?, lo cuestioné.

- “Porque cuando iba saliendo de los camerinos sentí ese fogaje que había afuera, y pensé: es un lleno completo”, me respondió mirando fijamente.

¿Guat? No le creí, pero en ese momento solamente sonreí y guardé silencio.

- ¿Crees que fuiste uno de los mejores boxeadores de Panamá?, le pregunté.

- "La verdad es que sí. Sé que no llegué a campeón mundial, pero me fajé con los grandes y ganando o perdiendo, siempre defendí la plata de los apostadores", me dijo muy convencido.

- ¿Te acuerdas la pelea que hice con el (Aquilino) "Dimar" Asprilla?, me preguntó. "Qué peleón y aunque perdí, me fajé como los buenos y estuve a punto de ganar", me dijo.

Sí, realmente el Loco Loco Bennett fue uno de los grandes del boxeo istmeño.

¿Qué no ganó titulo mundial alguno? Es cierto, pero les aseguro que tuvo mucha más categorías, agallas y clase, que algunos de los que sí lo lograron.

El viaje en el Metro lo percibí largo o ¿corto? Eso no es importante,. Lo fue el hecho de que tuve la oportunidad de acordarme de mi amigo Bennett.


viernes, 8 de agosto de 2014

Doña Chefa y los empujones en el Metro

¡Carajo! La expresión fue contundente. Tanto fue su efecto, que la chiquilla uniformada que escuchaba una estruendosa música desde su celular Android (¿o era Iphone?) se quitó los auriculares del oído para saber lo que pasaba.

La verdad es que yo también puse atención a lo que ocurría. Como estaba a unos pasos de la señora que había soltado la expresión, pude escuchar parte de su monólogo cuasi enojado que le dirigía a....nadie en particular y, quizás, a todos los que estábamos cerca de ella en el amontonado Metro.

"No es suficiente tener que compartir olores, pisadas, sino que también quieren sacarlo a uno del poste", mascullaba la pequeña señora, aunque algo robusta, que me dio un aire a la "abue Chefa" de la Calle 6. Llegué a entender lo que acontecía en la siguiente estación donde se detuvo el moderno "Caballo de hierro".

El Metro estaba rebosante de gente, pero mucho más la estación donde se detuvo. El "apretujón" que se registró para salir solamente fue comparable con el que se dio para entrar. No importa que el Metro esté pasando cada cuatro o cinco minutos, los usuarios quieren irse en "ése" precisamente. Fue entonces que verdaderamente se formó el "revolcón" que pregonaba don Salvador.

"Vuelve la vaina", volvió a vociferar doña Chefa (bueno, la verdad es que jamás supe como se llamaba). En esta ocasión, ya estaba muy cercano a ella. El asunto, aparentemente, no eran los empellones, los intercambios de humores, los incómodos bolsos de las damas, etc., etc. No, el asunto era otro. "Doña Chefa" se aferraba, como si fuera una tabla de salvación, al tubo de metal que estaba en medio del pasillo.

Algunos de los tubos, para quienes jamás se han transportado en el Metro, no son de una sola pieza como las que usan las vedettes del "table dance" sino que se dividen en tres partes para dar oportunidad a que una mayor cantidad de personas puedan sujetarse. La vaina es que la operación de desalojo, primero, y luego de entrada de los usuarios es digna de una película, donde el pánico y  el "corre corre" son los principales ingredientes.

Doña Chefa tenía su mano enrojecida de la fuerza con que sujetaba el tubo y la verdad es que si no hubiera sido por ello, el mar de gente que se movió a su alrededor en esos pocos segundos, la hubieran llevado, tal vez, hasta "pisar lona". Pero, por suerte, las cosas no pasaron a mayores.

¡Vea!. Tenía toda la intención de hablarles hoy sobre la despedida de las pistas del "Canguro" Irving Saladino, debido a que jamás pudo recuperarse de una lesión en una de sus rodillas, pero me entretuve con doña Chefa.

 Y es que la noticia se dio precisamente en medio de los "apretujones" en el Metro.

Bueno será en otro momento. Por suerte, esta herramienta digital es igualitica que el papel, lo aguanta todo.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Que tengas suerte, Ñato Brizuela

Ayer me enteré de la muerte del Ñato Brizuela. Bueno, ayer me enteré, pero en realidad su fallecimiento se registró hace un par de años aproximadamente. Coincidí en el Metro con un amigo en común y me comentó sobre su deceso; fue encontrado desmayado una mañana en una de las bancas del viejo parque de Santa Ana, pero en realidad había dejado de existir.

Conocimos al Ñato Brizuela cuando aún existía el gimnasio de El Marañón, en el lugar donde hoy queda el Mercado del Marisco. Era un viejo simpaticón, que vendía pendejaditas en las calles cercanas al Barrio Chino y entre las once de la mañana y las 12.30 de la tarde se "arrimaba" a ver los entrenamientos en el viejo hangar.

Un día se me acercó y después de intercambiar saludos, me dijo. "Carajo, cómo esta muchachada de pelaos me recuerdan mi época de gallito de pelea". La verdad fue que en ese momento supe que el Ñato Brizuela había sido boxeador, aunque su maltratado físico parecía más bien el de una figura del pancracio, de la lucha libre.

Es más, Brizuela ni era ñato, ni se llamaba así, aunque realmente nunca conocí su verdadero nombre. Una vez me contó que tuvo que cambiárselo porque su abuela, quien lo estaba criando junto a otros cuatro escuincles, se había enterado de su amor por las trompadas y le advirtió que se "dejara de esas vainas" (palabras más, palabras menos) o conocería realmente a quien le pesaban "las manos".

La verdad es que nuestro amigo tuvo una carrera poco exitosa y algo efímera en el negocio de las "narices chatas" y "orejas de colifor", pero no fue por Ma'Linda, como llamaba a su abuela, sino porque muy temprano se enteró de que el boxeo es ingrato, y no es para todo el que sueña ser algún día campeón del mundo.

Sus andanzas por los afamados cuadriláteros no sumaron más de diez encuentros, aunque tal vez fueron menos, todos en un año y siempre acompañado por su entrenador apodado "Piñata", un señor bajito y panzón que siempre le decía que llegaría a ser campeón del mundo, como Jack Johnson o Jack La Motta, o un ídolo como José Lombardo o Ismael Laguna.

"Siempre me decía antes de que tocara la campana, 'Que tengas suerte, Ñato', ese era su pregón", recordó en una ocasión mi avejentado amigo.

Pero su retiro se dio mucho antes de que se cumplieran las expectativas de "Piñata" y del propio "Ñato". "Una vez estaba esperando mi turno para salir a pelear, cuando llegó mi entrenador y me dijo que la función la habían suspendido, después de cumplirse los primeros cinco encuentros.

¿Pero porqué?, le pregunté. "Solamente habían dos pares de guantes y de segunda, tú sabes como son estas vainas, y al llegar a la quinta pelea, casi los pelao's se estaban dando de pescozones con los nudillos, así es que suspendieron la función, y como yo no pelié, no me dieron el peso que siempre daban", me explicó.

Pero eso no fue lo peor que le sucedió al Ñato y que lo hizo retirarse.

En otra ocasión, recordó que estuvo en una pelea importante. "Lo supe porque "Piñata" me dijo que habían apuestas; yo venía de dos victorias y el otro estaba invicto. Antes de que el árbitro nos llamara, mi entrenador me tomó del hombro y me dijo: 'Que tengas suerte, Ñato'.

"La pelea estuvo bastante pareja en los dos primeros asaltos, pero en el tercero logré conectarle un gancho y lo senté. Mira tú, el árbitro lo ayudó a pararse porque dijo que fue un resbalón. Fue algo increíble, la gente estaba pegada al ring, gritaban de todo y algunos nos tiraban cosas", prosiguió mi locuaz amigo.

"Volví a conectar al 'buay' y se volvió a caer; el árbitro comenzó la cuenta, pero como en cámara lenta, y cuando iba por siete...¡zuápatela! se fue la luz. "Piñata" me sujetó el brazo y me dijo que no me moviera, y cuando volvió la luz, todo estaba revuelto, y el otro pelao estaba fresco como una lechuga en su esquina".

"La gente, yo creo que echaba hasta espuma por la boca, aunque podía ser que no viera bien por el humo que había en todo el gimnasio. Todos pedían la decisión, unos gritaban mi nombre, otros coreaban a mi adversario. Pasaron varios minutos, en los que el árbitro bajó del ring a consultar a la mesa principal, y mientras tanto, "Piñata" me secaba y me secaba con un pedazo de toalla".

Pero espera Ñato, le interrumpí, ¿todo eso pasó en realidad? "Y, más", me respondió abriendo "inmensamente" sus ojos.

"El árbitro subió y me miró, y luego se dirigió a la esquina del otro muchacho y le levantó los brazos", me dijo.

¿Guat? Eso es mentira, le dije de sopetón. Tienes la imaginación digna de un escritor, le señalé.

El Ñato se me quedó viendo, abrió los ojos, y luego hizo un ademán como de persignarse, pero antes de terminar la acción, la suspendió en el aire.

"Mira, eso lo viví en carne propia", me espetó. "El árbitro le levantó el brazo al pelao ese, y luego bajó rápido del ring y...se formó la de San Quintín. Piñata me jaló por un brazo, cogimos la bolsa de mi ropa y salimos vola'o del gimnasio", culminó la narración el Ñato.

¿Y que pasó después?, le pregunté, resignado al hecho de que me estaba tomando el pelo. "Como que ¿qué pasó? No te dije que me retiré, pues".

A decir verdad, nunca le creí ese cuento ni otros tanto que me "echó", mientras veíamos las prácticas en el Pascual Ciela González de El Marañón.

Después llegó la invasión, ¨Pan de Dulce a la presidencia y la desaparición del vetusto gimnasio, que con ello se llevó centenares de historietas similares a las del Ñato Brizuela.

Jamás lo volví a ver y como les digo, nunca creí una sola palabra de esos cuentos, aunque siempre los escuché atento, porque además de entretenidos, eran contados por un señor mucho mayor que yo, y a los señores mayores se les respeta, y si es una dama, doblemente. Eso me lo enseñaron mis padres.

Cuentos o no, fue lo primero que llegó a mi memoria, cuando el amigo en común me volvió a hablar del Ñato y de su partida hacia lo desconocido. Sonríe para mis adentros.

Al bajar del Metro, al despedirme de mi amigo, la mente me traicionó, y le dije: "Hey Ñato, que tengas suerte".

lunes, 4 de agosto de 2014

El desastre de Tepic...¿llorar o reír?

Era previsible el desastre que iba a tener la selección de baloncesto de Panamá en el Centrobasket de Tepic. Jamás la improvisación será premiada y, en este caso muy particular, las consecuencias se vieron venir desde la llegada del ex jugador del Dallas Maverick, Rolando Blackman.

Blackman nos presentó en una conferencia de prensa una "historia fascinante" y una serie de logros que obtendríamos de la mano de quien "siempre" ha querido mejores días para el baloncesto panameño, pero a quien jamás se le había dado una oportunidad como ahora.

Les aseguro que a partir de allí, quienes hemos pasado por estas "fascinantes" historietas, muy cercanas a los cómics de "Memín Pingüín" y sus 'pasieros' Carlanga y Ricardo, nos sonreímos. Y, nuestra sonrisa casi se vuelve carcajada, cuando Blackman y el presidente diputado, Porfirio Ellis, aseguraron de que los resultados se verían de inmediato con la salida de un equipo menor a Portugal y la celebración de un Centrobasket sub-15 en la capital panameña.

¿Cómo era eso? Sin competencias oficiales, sin mayores prácticas y mucho menos fogueos, dos equipos nuestros, uno con un compromiso mucho mayor que el otro, serían "tirados" a la cancha para demostrar la "casta" y el nuevo "rostro" de la Federación de Baloncesto.

Todo fue un desastre. El quinteto en Portugal sudó la camiseta, pero nada pudo hacer frente a seleccionados evidentemente superiores, y los chiquillos de la Sub-15 demostraron más "pundonor" y "vergüenza" que las demostrada hasta ahora por nuestros flamantes dirigentes.

Y ¿qué de Tepic? Bueno esa es otra historia. Las carcajadas cuasi guardadas de los periodistas en la conferencia de prensa se volvieron muecas y, creo que vi hasta con ganas de llorar a algunos colegas, cuando la pareja Blackman-Ellis dijo a voz de cuello: "Y vamos al Centrobasket a buscar la clasificación". Como diría el presi Varela ¿guat?

Nos hablaron de una preselección, conformada por quienes algunas vez fueron miembros de la selección nacional, todos arriba de los 33 años, y de nuevas figuras, todos de una camada formada en el baloncesto universitario de los Estados Unidos y que tenían como único vínculo con Panamá, el que alguno de sus parientes había nacido en esta bella tierra. Es decir, todos made in United States. Cómo nos recordó a los viejos dirigentes.

Pero nunca hubo tal prelección. A las primeras convocatorias asistieron decenas de personas, pero todos periodistas. Los jugadores y el flamante técnico de "lujo" brillaron por su ausencia, hasta que los dirigentes se quitaron las caretas, llamaron a 10, 12 ó 15 jugadores, la verdad no me acuerdo, pero fueron los mismos que ocho años antes defendieron las franelas de Panamá en el Centrobasket realizado en el Atlapa.

Pero eso no fue todo. Los dirigentes que "rescatarían" a nuestro malogrado baloncesto, tragaron sapos y sin más, llamaron al técnico que había dirigido nuestro quinteto en los últimos años, el boricua David Rosario, para que se hiciera cargo de este DESASTRE, porque el amigo Blackman se esfumó. Y, como era de esperarse, una vez más en poco más de dos meses, se fracasó.

En un abrir y cerrar de ojos, se ha perdido la oportunidad de ir a los Panamericanos de 2015 y a los Preolímpicos. ¿llorar o reír?

Primer examen oficial para el "Bolillo"

El seleccionado nacional de fútbol viajó a Lima para su encuentro del próximo miércoles frente a su similar del Perú, en lo que consideramos el primer examen oficial  para el técnico colombiano Hernán "Bolillo" Gómez, desde que en febrero pasado llegó a Panamá para tomar las riendas de nuestra escuadra por los próximos cuatro años.

Afirmamos que será el primer examen oficial del "Bolillo" porque si bien es cierto de que ya Panamá jugó dos encuentros amistosos bajo su dirección en junio pasado, en esta ocasión será con un seleccionado conformado con mucho mayor tiempo y con futbolistas que, según su opinión, reúnen las características que necesita en este experimento.

Recordemos varios aspectos. Uno de ellos es que el afamado técnico paisa ha echado mano a jugadores del patio, salvo dos excepciones, para afrontar este encuentro, teniendo en cuenta dos aspectos muy importantes.

El primero es que la Copa UNCAF, que jugaremos prontamente, no está dentro del programa Fecha FIFA, por lo que la gran mayoría de los futbolistas nacionales que participan en el fútbol foráneo no contarán con el permiso oficial para afrontar esta competición. Si los clubes lo desean podrán darles permisos, pero en su gran mayoría nunca lo hacen.

El otro punto es que el "Bolillo" Gómez está consciente de que con su proceso no solamente se abre una nueva ruta con la intención de lograr un cupo del Mundial de Rusia 2018 sino que alguno de los futbolistas estandartes tienen sus días contados en la selección istmeña, por lo que es obligante encontrar sus sustitutos.

Definitivamente que un paso hacia este propósito será este encuentro ante los peruanos y el próximo que celebrarán frente a Cuba, el próximo día 20 acá en Panamá.

Esperemos que las conclusiones a las que llegue la dirección del equipo panameño sean muy positivas.

viernes, 25 de julio de 2014

Durmiendo con el enemigo

Es lamentable lo que le aconteció al técnico colombiano Jorge Luis Pinto en Costa Rica. El hombre se fajó, trago sapos (como dicen) y siguió hacia adelante para tratar de sacar el resultado en el Mundial de Fútbol. ¡Y de qué forma lo hizo!

La labor de Pinto con la selección tica fue encomiable, principalmente porque alguno de los resultados que obtuvo fue por la gallardía y entereza demostrada en la cancha, más que por el nivel técnico que demostraron.

Y es lamentable, porque quienes salen perdiendo son los hermanos costarricenses, pero es una muestra de que en muchas ocasiones es mejor eliminar las "manzanas podridas" de un vez (como dirían algunos) a esperar a que ciertas unidades cambien su mentalidad mezquina y obtusa o que con el tiempo acepten las directrices de quien lleva la batuta.

La responsabilidad es toda de la Federación Costarricense de Fútbol, que debió ponerle un alto a la situación y despejarle el camino al técnico colombiano. O también pudo ser que los directivos ticos no confiaban totalmente en Pinto y le colocaron espías a propósito.

Pero como señalé, el único perjudicado es el fútbol tico. En mi opinión, las posibilidades de que con Pinto se viviera una era satisfactoria de buen fútbol no solamente con el seleccionado, eran grandísimas, porque se completaría una segunda etapa teniendo como base todo lo recorrido en la primera.

No obstante, todo es difícil cuando se duerme con el enemigo. Pura Vida, mae.